Compañero de Laboratorio (Parte 3) – No se si he hablado ya de uno que estaba en mi laboratorio, que olia a ajo cosa mala. Era un tipo curioso, que se me acercaba y me hablaba (por iniciativa propia, eso si) y me contaba cosas sobre lo que YO estaba haciendo. Lo peor no era que me incordiara con MIS errores, sino cada vez que lo hacía me proyectaba el aliento a ajo. Yo decía “no será capaz”, pero sí, me proyectaba todo el aliento a ajo. Porque no es que lo hiciera desde lejos, sino que se acercaba siempre lo suficiente para que el ajo inundara todo mi alrededor.

Todo hasta que un día me vino “Esto que has hecho aqui…” “¡DÉJAME EN PAZ!” le solté. Desde entonces que pasó de sentarse en clase justo detrás mio (cosa que propiciaba a que me pudiera soltar el aliento a ajo en el cogote, el cabrón, que notaba yo que el ajo me iba dando collejas cada 5 segundos) a sentarse en la última fila.